Historia

Los abrigados valles de sierra de Gata debieron tener asentamientos estables de población durante la prehistoria, como lo demuestran los dólmenes en Robledillo de Gata y Hernán-Pérez, así como una impresionante estela funeraria en San Martín de Trevejo.

 

 

 

 

Durante la ocupación de Lusitania por los romanos, Gata fue denominada Catóbriga y por ella pasaba parte de la Vía Dalmacia, existente aún en un tramo de varios kilómetros en lo que se conoce por el puerto de Castilla. Esta calzada comunicaba Caurium, (Coria), con Miróbriga, (Ciudad Rodrigo).

 

 

Durante siglos Gata fue tierra de moros, hasta 1.212 en que D. Alfonso IX de León conquista Gata y la torre de la Almenara. La población se llamó Albaranes en esta época, como se prueba por el privilegio que el rey D. Alfonso X el Sabio dio en Sevilla en diciembre de 1.253 al obispo de Coria y que dice así: "Por facer bien é merced á vos don Pedro Dominguez, electo de Coria, o fago donación en la aldea que decían en tiempo de moros "ALBARANES", á que yo, pues, nombro HISPANIA".

 

 

Vemos por tanto que en el siglo XIII Gata se llamó Hispania, aunque este nombre no perduró, pues en la cuarta concordia entre el obispo de Coria, D. Pedro Fernández y el Maestre de la Orden de Alcántara, D. García-Fernández de Barrantes, mantenida en Cáceres en 1.257, el obispo dona a la Orden varias iglesias, entre ellas las de Gata. A partir de esta fecha Gata es aldea de Santibáñez el Alto, donde se encontraba la Encomienda de la Orden de Alcántara. Muchos fueron los abusos de los Alcaldes de Santibáñez para con los habitantes de Gata; tanto, que el lugar comenzó a despoblarse. El Maestre se informó del asunto y al comprobar su veracidad, dio carta de exención al lugar de Gata de la Villa de Santibáñez el 10 de abril de 1.341. Tales privilegios y el nombramiento de Gata como Villa exenta fueron confirmados por el rey D. Enrique II en reunión de las Cortes celebrada en Burgos el 3 de febrero de 1.367. A este acto acudió el Concejo de Gata y D. Pedro Muñiz de Godoy, Maestre de Alcántara.

 

En 1.410 tiene lugar en Gata el Capítulo General de la Orden Militar de Alcántara, siendo Maestre de la misma el infante D. Sancho, sobrino del rey de Castilla Enrique III. El mencionado Maestre tenía a la sazón la edad de diez años. Dicho acto tuvo lugar en la iglesia de S. Pedro, sin embargo el templo actual se construiría en el siglo XVI, con lo cual podemos deducir que, ya en el mismo lugar o en otro distinto, existió otra iglesia diferente de la actual en la Villa de Gata. Un año después, el Papa Benedicto XIII autoriza a la Orden de Alcántara a que cambie de hábito y a usar la Cruz Flordelisada Verde Venera.

En 1.475 los Reyes Católicos nombran Maestre de la Orden a D. Fray Juan de Zúñiga y Pimentel, que aunque murió a la temprana edad de 40 años, llegaría a ser Arzobispo de Sevilla y posteriormente Cardenal.

Este Maestre fue el último de la Orden de Alcántara, al firmar en 1.494 las Capitulaciones del Maestrazgo de Alcántara, pasando a ser administradores perpetuos de la misma los Reyes Católicos y la monarquía , por lo tanto, en los siglos sucesivos. Es entonces cuando, rodeado el Maestre de grandes eruditos como el músico Solórzano, el médico judío Parra, el teólogo Fray Domingo y el jurista Trejo, funciona en Gata la Academia del Maestre, dirigida por el insigne humanista del Renacimiento español, ANTONIO DE NEBRIJA, autor de la primera Gramática Castellana. Gata se convierte de esta forma en gabinete de estudios sobre la reglamentación del idioma castellano, que años más tarde se expansionaría por todo el continente americano.

Al cumplirse el V Centenario de la publicación de la Gramática de Nebrija en 1.992,se colocó en los portales del Ayuntamiento una placa conmemorativa del evento, realizada, al igual que la Dama de Gata, por el pintor-escultor gateño Martín Simón, que las donó al pueblo de Gata.

Además del dato curioso de que Gata ya disponía de reloj en 1.480, mayor repercusión tuvo la existencia de un asentamiento judío en la Villa de Gata. Como consecuencia de las disposiciones reales en 1.474, se le asigna a la colonia judía de Gata el pago, en calidad de impuestos, de 1.500 maravedíes anuales. Se estima que por estas fechas había en España una población judía de 400.000 personas, a las que se les obligó en 1.480 a vivir en barrios separados. Al año siguiente la Inquisición inicia la persecución de los falsos conversos. A raíz del asesinato del Santo Niño de la Guardia, crucificado ritualmente, los autores de tal fechoría y otros judíos conversos fueron quemados vivos en Ávila el 16 de noviembre de 1.491. Aunque la comunidad judía nunca aprobó estos hechos, realizados por fanáticos desaprensivos, lo cierto es que el 31 de marzo de 1.492 se publicó el edicto ordenando a los judíos a abandonar España en el plazo de tres meses. Lógico es, por lo tanto, que la comunidad judía gateña marchara a Portugal, por la cercanía de este país. Prueba de ello es que los asentamientos de judíos fueron en esta época muy numerosos en la zona de Fundao y Belmonte, ciudades portuguesas cercanas de la raya. Precisamente en Belmonte, cuna de Álvaro de Cabral, descubridor del Brasil, acaba de acondicionarse en 1.998 una hermosa sinagoga en el barrio cercano al castillo de esta localidad. A pesar de la orden de expulsión, no todos los judíos abandonaron España, pues solamente cruzaron la frontera unos 160.000 judíos. ¿Se quedarían algunos, aparentemente conversos, en la Villa de Gata?

El 17 de septiembre de 1.517 el príncipe Carlos desembarca en Tazones, un pequeño pueblo de la costa asturiana. El 5 de febrero del año siguiente el joven Carlos jura en Valladolid ante las Cortes como Rey de España, comprometiéndose a aprender el castellano. "Nos place dello e nos esforzamos a lo facer", diría el monarca. De igual forma se comprometió a no conceder cargo alguno a extranjeros. En 1.520 los procuradores se reúnen en Cortes en La Coruña, donde se aprueba, en medio de grandes discusiones y coacciones, los gastos para que el rey Carlos marche a Aquisgrán donde sería coronado como Emperador, tras la muerte de su abuelo paterno el emperador Maximiliano I de Habsburgo. El rey deja como regente a un extranjero, Adriano de Utrech, motivo por el que la baja nobleza, los artesanos y el pueblo llano comienzan a agitarse por todo el reino, en lo que se conocería como la guerra de los Comuneros. Ante tales acontecimientos la Villa de Gata se pone de parte de los ejércitos realistas del Emperador. Los comuneros fueron vencidos el 23 de abril de 1.521 en Villalar, (Valladolid), y sus principales líderes, Padilla, Bravo y Maldonado, ejecutados al día siguiente.

En recompensa y agradecimiento por el apoyo recibido de la Villa de Gata, el emperador Carlos sustituye el escudo de la localidad, formado por una gata sentada bajo la cruz de Alcántara, por el escudo de Carlos I como Maestre de la Orden de Alcántara y le concede el título de "Muy Noble y Muy Leal", existente actualmente en el escudo municipal. Una fiel réplica de este escudo se encuentra en Gata, en el frontal de la fuente de "El Chorro".

Tiene esta joya de la heráldica española corona abierta, propia de los Reyes Católicos y el águila no es bicéfala, como era costumbre y uso en los escudos de Carlos I. Sin embargo, lo que más llama la atención es que el águila de este blasón mira hacia la izquierda. Cuando así acontece, acorde con la Heráldica, significa que la persona en cuyo honor se hace el escudo es hijo bastardo , no siendo éste el caso que nos ocupa. ¿Qué conclusión se puede sacar de semejantes hechos? Aunque no existen pruebas documentales, y normal es que así ocurra si hubiera sido cierta la intención del picapedrero, se deduce que el cantero que realizó esta obra en una sola piedra enteriza, bien pudiera haber sido algún judío converso de los que se quedaron en Gata, pero que en lo más recóndito de su corazón y de su espíritu seguía profesando el judaísmo y quiso vengarse, ¿quién sabe?, por el edicto de expulsión de sus antepasados con tal maniobra. Años más tarde, el 29 de agosto de 1.614, el licenciado Martín de Palacios, gobernador de esta Villa y su partido por S. M. Felipe III, pone en venta los bienes de los moriscos de la zona, con la expulsión definitiva de los mismos. La recaudación alcanzó la cifra de 156.873 maravedíes.

Durante el siglo XVI muchos fueron los serranos que cruzaron el océano Atlántico en busca de fortuna en tierras americanas. En total 74, de los cuales 4 procedían de la Villa de Gata.

Cabe también mencionar en estas hazañas transoceánicas a Fray Francisco de Gata. Siendo muy joven, estaba un día trabajando las viñas en la Ladera cuando le sorprendió una atronadora tormenta. Refugióse bajo un enorme peñasco en forma de cueva. En ese momento oyó una voz que le llamaba por su nombre. Salió a ver quien le solicitaba y al instante la peña se desplomó, sin que consiguiera averiguar la procedencia de tal llamada. Decidió entonces consagrar su vida a Dios, imitando a San Francisco. Posteriormente estuvo en Filipinas, asesorando en la construcción de puentes y calzadas. En la actualidad una isla y una ciudad de este archipiélago se llaman Gata. ¿Tendrá algo que ver con este santo e ilustre gateño? Años más tarde, la Condesa de Braganza solicitó la presencia y asesoramiento de Fray Francisco, aunque tal encargo no fuera gratamente recibido por él. Conociendo el fraile, por revelación divina, que allí iba a morir, multiplicó sus penitencias, muriendo en estas tierras de Portugal, de avanzada edad, en 1.538. Está enterrado en el claustro del convento de Bórdalo, conservándose en este lugar, con gran veneración, su cilicio y su rosario.

En 1.575 Felipe II, que en un principio pretendía vender la dehesa del Fresno al Duque de Alba, accede a las peticiones del Concejo de Gata y le vende estas tierras por 7.000 ducados.

Coincidiendo con la finalización de las obras de la iglesia de Gata, es en 1.591 cuando Felipe II divide los territorios de las Ordenes Militares en Partidos. La Villa de Gata se convierte en Cabeza de Partido, dependiendo de ella Cadalso, Cilleros, Eljas, Hernán-Pérez, Moraleja, Santibáñez el Alto, Torre de D. Miguel y Valverde del Fresno.

Gata contaba entonces con Gobernador y su Concejo estaba formado por un Alcalde mayor, 6 regidores perpetuos, 1 mayordomo, 1 escribano, 3 regidores del estado noble y 1 alférez mayor.

Durante el siglo XVII, concretamente en 1.640, surgen los primeros movimientos independentistas en Portugal. Gata, al igual que los pueblos de la sierra, por su cercanía con la raya, no fue ajena a las guerras mantenidas con el país vecino. Muchos de los pueblos de la sierra fueron castigados y Gata permaneció todo este tiempo vigilante hasta que se firmó la paz con Portugal en 1.668.

Para ordenar la mala organización fiscal y evitar la desigualdad tributaria se lleva a efecto a partir de 1.749 la reforma fiscal de Ensenada.

Por este motivo se levanta acta en Gata el 29 de marzo de 1.753, siendo a la sazón Gobernador de Gata D. Antonio de Pedro, en presencia del Sr. D. Pedro Berriz de Aguirre, el Concejo de Gata y cinco expertos peritos, sobre los bienes y ocupaciones por aquel entonces de nuestro pueblo.

Las conclusiones que se extraen del Catastro de Ensenada son una curiosa y minuciosa radiografía de la Villa de Gata, de la que se extraen los puntos más interesantes y curiosos:

Tenía Gata en esta época 400 vecinos y 380 casas, más 8 en estado ruinoso. Además de caballería mayor y jumentos, existía una cabaña caprina de 2.335 cabezas, 281 vacas, unas 300 ovejas, 210 cerdos y unas 3.000 colmenas. Había oficinas públicas de casa de Ayuntamiento, pósito, cárcel, carnicería y corral del Concejo. El Ayuntamiento estaba arrendado a Antonio Pérez en 618 reales vellón al año. El Gobernador, D. Antonio de Pedro, cobraba 550 reales vellón anuales por 700 que tenía asignado el escribano del Ayuntamiento, Mateo Pineda. Al que regía el reloj, se le pagaban 180 reales vellón, al médico y al maestro de primeras letras, D. Pedro Correa, 1.100 reales vellón respectivamente, al guarda del monte 360, ...

Los lugares de esparcimiento de Gata eran simplemente una taberna y dos mesones y dado que las mercancías habían de ser transportadas a lomos de caballerías, 36 arrieros eran los que se dedicaban a tal menester, ganando al año entre 700 y 900 reales vellón. Los jornaleros, aproximadamente unos 80, tenían de salario unos 2 reales vellón al día.

No había tiendas y las gentes se hacían el pan para su consumo en sus casas, que luego cocían en hornos habilitados para tal fín. Sólo cuatro personas se dedicaban a hacer pan para venderlo posteriormente. Por este motivo existían en Gata 11 molinos de harina y otros 11 de aceite.

Nada ocurre digno de mención en Gata hasta que tiene lugar en suelo hispano la invasión de los franceses. Al saberse en Gata que los franceses iban a sitiar Ciudad Rodrigo, precisamente en un día de San Blas y estando los gateños en romería, braman de ira nuestros paisanos y, organizados por D. Pedro Hontiveros y Aparicio, se dirigen cien mozos, con D. Pedro al frente, a Ciudad Rodrigo, sin ni siquiera bajar al pueblo a despedirse de sus familias. Muchos de ellos murieron en campo de batalla. Otros, fueron hechos prisioneros, junto con el bravo Gobernador de la plaza, el Teniente General D. Andrés Pérez de Herrasti. Algunos de estos gateños terminaron sus días trabajando como prisioneros en el puerto de Amberes.

En el mes de agosto de 1.809 las tropas francesas pasaron por el puerto de Perales camino de Alcántara. Un sargento y cuatro soldados fueron destacados a Gata en busca de provisiones. Los gateños los recibieron con disparos y matan al sargento en la entrada del pueblo, en la plazuela de San Sebastián hoy llamada de la Independencia. El castigo no tardó en llegar. El 25 y el 27 de agosto de este año los franceses saquearon e incendiaron 73 casas y el Ayuntamiento, asesinando cruelmente a todos los gateños que encontraron. Menos mal que los ancianos, las mujeres y los niños, temiendo el castigo, habían huido días antes a refugiarse en los lugares más recónditos de la sierra.

Durante estas contiendas se cree que estuvo en Gata y pernoctó en ella, el general inglés Sir Arthur Wellesley, más conocido por el Duque de Wellington. Y con certeza se sabe que el gateño Diego Manzano fue a llevarle al general inglés cierto número de blandones de cera, de los que se fabricaban en Gata, hasta Fuenteguinaldo, donde fueron primorosamente empaquetados y enviados a la Corte de Inglaterra.

En 1.828 estuvo alojado en casa de D. Pedro Hontiveros el general Rodil. Más adelante estuvieron en esta villa Saarfield, el cura Merino, el Empecinado, ...

En 1.833 se crea la provincia de Cáceres, tomándose como referencia normalmente las partes altas de la sierra en lo que se denomina como aguas vertientes.

En 1.836 María Cristina, en nombre de Isabel II decreta la desamortización, en la que el Convento del Hoyo pasa a ser propiedad de particulares.En 1.840 Gata dejó de ser Cabeza de Partido, trasladándose a la localidad de Hoyos.

En la noche del 9 de julio de 1.841 hubo en Gata una horrorosa tormenta, que inundó de agua y escombros las calles, destrozando caminos y arrasando gran cantidad de propiedades.

Y en 1.842 murió en Gata D. Pedro Hontiveros y Aparacio, que tanto se distinguiera en la defensa del suelo patrio contra el invasor francés. Fue varias veces Senador del Reino. Precisamente, su nieto D. Marcelino Guerra Hontiveros sería años más tarde el autor de los "Apuntes históricos acerca de la Villa de Gata", publicados en Salamanca en 1.897.

A finales del siglo XIX España se ve envuelta en la guerra de Cuba. Gata no fue ajena a tal evento y algunos de sus hijos participaron de forma activa en estos acontecimientos.

Tales son los casos del soldado Rufino González y de Patricio González Montijo, cabo 1º del Batallón de Cazadores de Chiclana del Ejército de la Isla de Cuba, que sería condecorado con la Cruz de plata de la Orden del Mérito militar y una pensión vitalicia de siete pesetas y cincuenta céntimos.

En los primeros años del siglo XX, el 27 de noviembre de 1.903 se crean en Gata las escuelas públicas de niños y niñas y la de adultos para que empiecen su cometido en enero del año siguiente.

En 1.929, según consta en el libro "A través de la Sierra de Gata", publicado en Madrid por el Bachiller de Trevejo, en Gata se recogían anualmente unos 680.000 kilos de aceite. Precisamente este producto había sido premiado en la Exposición de París de 1.900, e pesar de su deficiente presentación.

En esta época se construyeron las escuelas, consistentes en dos voluminosos edificios gemelos, en el lugar donde se ubican las actuales. También se trazó la carretera y se dotó a Gata del servicio de telefonía.

Años después tuvo lugar la Guerra Civil. Gata permaneció desde el principio en lo que se denominó Zona Nacional. Sin embargo tuvieron lugar hechos lamentables entre la población, como la desaparición de D. Felipe Cantero Sánchez, Alcalde electo de Gata.

A principios de siglo Gata contaba con 2.235 habitantes, llegando al mayor número de población en 1.960 con 2.967 habitantes. Es entonces cuando se produce el efecto de la emigración, teniendo que dejar el pueblo muchos gateños en busca de mejores horizontes.

Años antes, con la inauguración del pantano de Borbollón en 1.954, surge La Moheda de Gata, en lo que, a lo largo de la historia, había sido la dehesa de La Moheda. En Gata se lleva a cabo por estas fechas la repoblación de pino pinaster de la mayoría de sus montes.

En las ultimas décadas de este siglo Gata inicia su proceso de transformación y adaptación a los nuevos tiempos: se realiza la red de alcantarillado, instalación del agua en las casas para uso doméstico, se arregla definitivamente la carretera, se construye el camping "Sierra de Gata" , la residencia para la Tercera Edad , Gata participa en la Exposición Universal de Sevilla en el pabellón de Extremadura, se crea la Mancomunidad de Municipios de Sierra de Gata , a la que pertenece la Villa de Gata y el colegio público "Antonio de Nebrija" se transforma en el Colegio Rural Agrupado "Almenara", con su sede en Gata, en el que están incluidos seis localidades más de la comarca.

 

Texto de Ángel Hernández

 

 

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Exmo Ayuntamiento de Gata.
Tlf.- 927 67 20 54

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